lunes, 16 de agosto de 2010

“…La gente viene y me dice que debo hacer cosas y las hago, y todo son chocheces. Quieren que haga algo por los pobres, lo que significa leer a Ruskin y sentirse muy virtuosa en la habitación mejor de una vivienda miserable. O que ayude a esta o la otra obra, lo que significa desalojar a la gente de las casas enrevesadas, donde han vivido siempre, y llevarlas a casas geométricas, donde suelen morirse. A toda hora no encuentra una dentro de sí más que la hórrida ironía de un corazón y de una cabeza vacíos. He de dar a los infortunados, cuando mi propio infortunio consiste en no tener qué dar. He de enseñar, cuando no creo en nada de lo que enseño. He de salvar a los niños de la muerte, y ni siquiera estoy segura de que no me valdría más morirme. Si yo viese ahora, es un suponer, ahogarse a un niño, le salvaría. Pero sería por el mismo motivo que me indujo a salvarles a ustedes, o a perderles, pues no sé bien lo que he hecho.”

Chesterton, G. K., “La esfera y la Cruz”.
¿Algo más que decir? No ¿verdad?
“ El amor a uno solo es una barbarie, pues se practica a costa de todos los demás. También el amor a Dios”

Nietzche, F., Más allá del bien y del mal.

¡Caramba que es evangélico este pasaje! No hay amor verdadero a Dios si no se introduce en el amor al hombre. Este es el misterio de la Encarnación, este es el camino regio, esto es lo que nos piden a los creyentes, como testimonio de fe, los hermanos que viven con nosotros.
“- ¿Y por qué no? –dijo Mac Ian con súbita aspereza- ¿Por qué no habíamos de disputar sobre una palabra? ¿De qué sirven las palabras si no tienen importancia bastante para disputar sobre ellas? ¿Por qué escogemos una palabra con preferencia a otra si no difieren entre sí? Si a una mujer le llama usted chimpancé en lugar de ángel, ¿no habría disputa por una palabra? Si usted no quiere discutir sobre palabras, ¿sobre qué va a discutir? ¿Pretende convencerme moviendo las orejas?”
Chesterton, G. K., La esfera y la cruz.

Palabras, campo del hombre.
“Elena- Con frecuencia pedimos al Cielo recursos que residen en nosotros mismos. El destino celeste nos deja libres en nuestras acciones y no retarda nuestros designios sino cuando somos lentos en ejecutarlos. ¿Qué poder impulsa a mi amor a que aspire tan alto? ¿Qué me hace ver aquello de que mi vista no se sacia? Cualquiera que sea la distancia que separa uno de otro los objetos, a menudo la Naturaleza los aproxima como si fueran idénticos y en un beso los reúne, sin reparar en diferencias. Las empresas extraordinarias parecen imposibles a los que, midiendo la dificultad material de las cosas, imaginan que lo que no ha sucedido no puede suceder ¿Cuál es la mujer que, poniendo en juego todos los resortes para dar a conocer cuánto vale, no tiene fe en su amor? La enfermedad del rey… Mis proyectos pueden traicionar mis esperanzas; pero mis resoluciones son fijas, y no fracasaré. "
Shakespeare, W., “A buen fin no hay mal principio”.

El concepto de triunfo está íntimamente relacionado con el de magnanimidad. El triunfar sobre uno mismo, sobre las propias huellas, sobre la historia personal, sobre los legados. Es atravesar los muros de la timidez, el miedo y la pusilanimidad. Todos estamos llamados a vencer sobre nosotros mismos. Todos estamos llamados a ser nosotros mismos.
“No es la intensidad, sino la duración del sentimiento elevado la que constituye a los hombres elevados”
Nietzche, F., “Más allá del bien y del mal”.

No se trata de entusiasmos ni ganas…

domingo, 8 de agosto de 2010

“No nos contentamos con la vida que tenemos en nosotros y en nuestro propio ser: nos empeñamos en vivir en la mente de los demás con una vida imaginaria, y por eso nos esforzamos en aparentar. Trabajamos incesantemente en embellecer y conservar nuestro ser imaginario, y descuidamos al verdadero. Y, si somos serenos, generosos o fieles, nos apresuramos a hacerlo saber, para que estas virtudes se añadan a nuestro otro ser, incluso llegaríamos a arrancarlas de nosotros para que no faltasen en la idea que los demás se forman; seríamos cobardes de buen grado para adquirir la reputación de ser valiente. Terrible indicio de la nada de nuestro propio ser el de que no nos consideremos satisfechos con el uno sin el otro, cambiando a menudo el uno por el otro. Porque aquel que no muriese para salvar su honor sería juzgado como infame.”

Pascal, B., Pensamientos.
“- ¡Ah! ¡Cobarde asqueroso! –Rugió Turnbull, soltando de pronto su cólera-. Bástese usted si es tan amigo de la lucha. Bástese usted, si es tan aficionado de esa filosofía infecta. ¡Si vencer es todo, ande usted y venza! ¡Si los débiles deben sucumbir, sucumba usted! ¡A batirse, rata! ¡A batirse, o si no… a correr!
(…)
Wimpey retrocedió unos pasos, tambaleándose como si no le obedeciesen sus miembros. Entonces cio venir sobre él, como un tren expreso, al furioso escocés, multiplicándose su tamaño a cada segundo, con ojos tan grandes como ventanas y una espada brillante como el sol. Algo se le rompió dentro, y se encontró corriendo a todo correr, dando saltos de terror y gritos mientras corría.”

Chesterton, G. K., La esfera y la cruz.


Cuando una idea se ha hecho carne, uno ya está habitado, no puede separarla, discriminarla, diferenciarla, es parte de uno y uno obra, interpreta y siente a partir de ella. Esta es la diferencia entre los que viven de utopías y los que son atravesados por ideas que los impulsan a la búsqueda contante de nuevos horizontes, esta es la diferencia entre el que sabe y el que es sabio, entre el que habla bien y el que enciende con la palabra, el que cree ideas y el que se transformó completamente en fuego.
Luego quien tiene ideas o saberes puede criticar, porque lo que el otro vive a él aún no le habita.
“Cada herramienta, cada aparato tenía, por tanto, la apariencia fantástica y atormentada propia de los milagros de la ciencia”

Chesterton, GK, La esfera y la cruz.

¡Tantas máquinas! No hay que rechazar el progreso pero tampoco hay que olvidar al hombre.

jueves, 5 de agosto de 2010

“Influir en una persona es transmitirle nuestra propia alma. No piensa con sus naturales pensamientos ni se quema con sus pasiones naturales. Sus virtudes no son reales para ella. Sus pecados, si es que existe algo semejante al pecado, son prestados. Se convierte en el eco de una música ajena, en un actor de un papel que no ha sido escrito para él. El objeto de la vida es el propio desarrollo. Realizar nuestra naturaleza perfectamente; eso es lo que cada uno debe hacer. La gente tiene miedo de sí misma hoy en día. Y es que ha olvidado el más alto de sus deberes, el deber para consigo mismo. Naturalmente, son caritativos. Dan de comer al hambriento y visten al pobre. Pero dejan de morir de hambre a sus propias almas y están desnudos.”
Wilde, O., El retrato de Dorian Gray.

El hombre masa es aquel que es y hace a partir de, sin que nada medie con el cuestionamiento profundo por su identidad y ser. Así, por más que esté inmerso en un discurso de ideales, por más que sea una persona activa en la comunidad, por más que haga el bien, no lo hace desde sí. De esta manera cuando las crisis o los problemas o aquellas personas con las que compartía esa actividad dejan de estar, el hombre deja de tener ese impulso fundamental que lo empujaba. Era una más de tantas máscaras…

miércoles, 4 de agosto de 2010

“La celda, oblonga, era muy larga en comparación con la anchura. Tenía el ancho justo para extender del todo los brazos con las poleas colgadas en la pared de la izquierda, muy polvorientas. Y era lo bastante larga para que un hombre, recorriéndola enteramente, anduviese la trigésima quinta parte de una milla. También por higiene, una hilera de agujeritos, muy juntos, traían del exterior a la celda, mediante unos tubos, lo que se suponía fuera aire fresco. Porque aquellos grandes organizadores científicos insistían en que un hombre, aunque desdichado, ha de tener buena salud. Le procuraban un paseo bastante largo para que hiciese ejercicio, y agujeros bastantes anchos para darle oxígeno. Concluía de pronto su interés por la naturaleza humana. Al parecer, nunca se les había ocurrido que las ventajas del ejercicio no son sino parte de las ventajas de la libertad. No habían tenido en cuenta que el aire libre es solamente una de las ventajas del cielo libre. Administraban aire en secreto, pero en dosis suficiente, como si fuese medicina. Sugerían el andar, como si nunca el hombre hubiese tenido deseos de andar. Sobre todo, las autoridades del asilo insistían en que la limpieza fuese extraordinaria. Todas las mañanas, mientras Turnbull estaba aún medio dormido en la cama de hierro, elevada a media altura de la pared y sujeta a ella con unos hierros, cuatro trampillas o bocas de metal se abrían en lo alto de los cuatro rincones del aposento y le lavaban de toda suciedad. El alma solitaria de Turnbull se sublevaba contra aquella solemnidad diaria tan fastidiosa.
- ¡Estoy enterrado vivo! –gritaba amargamente-. Me han sepultado debajo de una montaña. Estaré aquí hasta que me pudra. ¿Qué puede importarles que esté limpio o sucio?
Mañana y tarde se abría en la celda oblonga una escotilla de hierro, y una o dos manos morenas y velludas metían por ella un plato de lentejas bien cocidas y un tazón de cacao. Me le menguaban el alimento, ni le privaban de ejercicio ni de aire. Tenía espacio bastante para andar, aire bastante y bastante nutritivo alimento. La única objeción era que no tenía hacia dónde dirigirse, nada por qué darse un festín y ninguna razón para aspirar el hálito de vida.”

Chesteston, G. K., La esfera y la cruz.
La libertad es parte de nuestra dignidad, nadie nos la debe. Toda la maquinaria que el mismo hombre pergeñó para dominar al hombre sumiéndolo en un mundo de ilusiones, no es más que un disparate, o mejor dicho una tontería, porque jamás el hombre podrá matar el deseo de transgredir las fronteras que el ser humano posee. Cuanto ese deseo desaparece no importa si jurídicamente la persona respira y habita el mismo mundo que nosotros. Ha muerto, lo que ha quedado es su máscara.
“Estoy mirando –dijo, al cabo, Mac Ian- al que ha de juzgarnos a los dos. (…)
E indicó a un rústico medio borracho que iba surcando el camino. (…)
Usted gasta muchas palabras entrevesadas y yo también. Yo afirmo que cada hombre es imagen de Dios; usted dice que cada hombre es un ciudadano y con luces bastantes para gobernar. Pero si cada hombre simboliza a Dios, he aquí a Dios; si cada hombre es un ciudadano ilustrado, éste es el ciudadano ilustrado de que usted habla. El primer hombre con que uno se tropieza es siempre un hombre. Echémosle mano.
El voto, el derecho a hablar, eso es lo que
[dijo Turnbull]
- ¿Quién dice que yo no tengo derecho a hablar? –dijo el viejo, mirando en torno con irracional frenesí- Tengo el derecho a hablar. Soy un hombre, eso es. No necesito votos, ni curas. Digo que un hombre es un hombre; eso es lo que yo digo. Si un hombre no es un hombre, ¿qué será? Eso es lo que yo digo: si un hombre no es un hombre ¿qué es? Cuando veo un hombre, veo que es un hombre.
-Exactamente –dijo Turnbull- Un ciudadano.
- Digo que es un hombre –profirió el rústico furiosamente, deteniéndose y golpeando el suelo con un palo- No es una ciudad ni cosa alguna, es un hombre.
-Tiene usted completa razón –dijo Mac Ian, tajante como una espada- . Y usted está apegado a una cosa que el mundo en nuestros días trata de olvidar.”
Chesteston, G. K., La esfera y la cruz.
El ser humano es un ser humano, más allá de cualquier concepción sobre el ser humano, más allá de nuestra mirada sobre ese ser humano, más allá de lo digno o indigno que lo consideremos, siempre será un ser humano.