domingo, 8 de agosto de 2010

“- ¡Ah! ¡Cobarde asqueroso! –Rugió Turnbull, soltando de pronto su cólera-. Bástese usted si es tan amigo de la lucha. Bástese usted, si es tan aficionado de esa filosofía infecta. ¡Si vencer es todo, ande usted y venza! ¡Si los débiles deben sucumbir, sucumba usted! ¡A batirse, rata! ¡A batirse, o si no… a correr!
(…)
Wimpey retrocedió unos pasos, tambaleándose como si no le obedeciesen sus miembros. Entonces cio venir sobre él, como un tren expreso, al furioso escocés, multiplicándose su tamaño a cada segundo, con ojos tan grandes como ventanas y una espada brillante como el sol. Algo se le rompió dentro, y se encontró corriendo a todo correr, dando saltos de terror y gritos mientras corría.”

Chesterton, G. K., La esfera y la cruz.


Cuando una idea se ha hecho carne, uno ya está habitado, no puede separarla, discriminarla, diferenciarla, es parte de uno y uno obra, interpreta y siente a partir de ella. Esta es la diferencia entre los que viven de utopías y los que son atravesados por ideas que los impulsan a la búsqueda contante de nuevos horizontes, esta es la diferencia entre el que sabe y el que es sabio, entre el que habla bien y el que enciende con la palabra, el que cree ideas y el que se transformó completamente en fuego.
Luego quien tiene ideas o saberes puede criticar, porque lo que el otro vive a él aún no le habita.

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