“Estoy mirando –dijo, al cabo, Mac Ian- al que ha de juzgarnos a los dos. (…)
E indicó a un rústico medio borracho que iba surcando el camino. (…)
Usted gasta muchas palabras entrevesadas y yo también. Yo afirmo que cada hombre es imagen de Dios; usted dice que cada hombre es un ciudadano y con luces bastantes para gobernar. Pero si cada hombre simboliza a Dios, he aquí a Dios; si cada hombre es un ciudadano ilustrado, éste es el ciudadano ilustrado de que usted habla. El primer hombre con que uno se tropieza es siempre un hombre. Echémosle mano.
El voto, el derecho a hablar, eso es lo que [dijo Turnbull]
- ¿Quién dice que yo no tengo derecho a hablar? –dijo el viejo, mirando en torno con irracional frenesí- Tengo el derecho a hablar. Soy un hombre, eso es. No necesito votos, ni curas. Digo que un hombre es un hombre; eso es lo que yo digo. Si un hombre no es un hombre, ¿qué será? Eso es lo que yo digo: si un hombre no es un hombre ¿qué es? Cuando veo un hombre, veo que es un hombre.
-Exactamente –dijo Turnbull- Un ciudadano.
- Digo que es un hombre –profirió el rústico furiosamente, deteniéndose y golpeando el suelo con un palo- No es una ciudad ni cosa alguna, es un hombre.
-Tiene usted completa razón –dijo Mac Ian, tajante como una espada- . Y usted está apegado a una cosa que el mundo en nuestros días trata de olvidar.”
E indicó a un rústico medio borracho que iba surcando el camino. (…)
Usted gasta muchas palabras entrevesadas y yo también. Yo afirmo que cada hombre es imagen de Dios; usted dice que cada hombre es un ciudadano y con luces bastantes para gobernar. Pero si cada hombre simboliza a Dios, he aquí a Dios; si cada hombre es un ciudadano ilustrado, éste es el ciudadano ilustrado de que usted habla. El primer hombre con que uno se tropieza es siempre un hombre. Echémosle mano.
El voto, el derecho a hablar, eso es lo que [dijo Turnbull]
- ¿Quién dice que yo no tengo derecho a hablar? –dijo el viejo, mirando en torno con irracional frenesí- Tengo el derecho a hablar. Soy un hombre, eso es. No necesito votos, ni curas. Digo que un hombre es un hombre; eso es lo que yo digo. Si un hombre no es un hombre, ¿qué será? Eso es lo que yo digo: si un hombre no es un hombre ¿qué es? Cuando veo un hombre, veo que es un hombre.
-Exactamente –dijo Turnbull- Un ciudadano.
- Digo que es un hombre –profirió el rústico furiosamente, deteniéndose y golpeando el suelo con un palo- No es una ciudad ni cosa alguna, es un hombre.
-Tiene usted completa razón –dijo Mac Ian, tajante como una espada- . Y usted está apegado a una cosa que el mundo en nuestros días trata de olvidar.”
Chesteston, G. K., La esfera y la cruz.
El ser humano es un ser humano, más allá de cualquier concepción sobre el ser humano, más allá de nuestra mirada sobre ese ser humano, más allá de lo digno o indigno que lo consideremos, siempre será un ser humano.
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