lunes, 16 de agosto de 2010

“Elena- Con frecuencia pedimos al Cielo recursos que residen en nosotros mismos. El destino celeste nos deja libres en nuestras acciones y no retarda nuestros designios sino cuando somos lentos en ejecutarlos. ¿Qué poder impulsa a mi amor a que aspire tan alto? ¿Qué me hace ver aquello de que mi vista no se sacia? Cualquiera que sea la distancia que separa uno de otro los objetos, a menudo la Naturaleza los aproxima como si fueran idénticos y en un beso los reúne, sin reparar en diferencias. Las empresas extraordinarias parecen imposibles a los que, midiendo la dificultad material de las cosas, imaginan que lo que no ha sucedido no puede suceder ¿Cuál es la mujer que, poniendo en juego todos los resortes para dar a conocer cuánto vale, no tiene fe en su amor? La enfermedad del rey… Mis proyectos pueden traicionar mis esperanzas; pero mis resoluciones son fijas, y no fracasaré. "
Shakespeare, W., “A buen fin no hay mal principio”.

El concepto de triunfo está íntimamente relacionado con el de magnanimidad. El triunfar sobre uno mismo, sobre las propias huellas, sobre la historia personal, sobre los legados. Es atravesar los muros de la timidez, el miedo y la pusilanimidad. Todos estamos llamados a vencer sobre nosotros mismos. Todos estamos llamados a ser nosotros mismos.

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