jueves, 5 de agosto de 2010

“Influir en una persona es transmitirle nuestra propia alma. No piensa con sus naturales pensamientos ni se quema con sus pasiones naturales. Sus virtudes no son reales para ella. Sus pecados, si es que existe algo semejante al pecado, son prestados. Se convierte en el eco de una música ajena, en un actor de un papel que no ha sido escrito para él. El objeto de la vida es el propio desarrollo. Realizar nuestra naturaleza perfectamente; eso es lo que cada uno debe hacer. La gente tiene miedo de sí misma hoy en día. Y es que ha olvidado el más alto de sus deberes, el deber para consigo mismo. Naturalmente, son caritativos. Dan de comer al hambriento y visten al pobre. Pero dejan de morir de hambre a sus propias almas y están desnudos.”
Wilde, O., El retrato de Dorian Gray.

El hombre masa es aquel que es y hace a partir de, sin que nada medie con el cuestionamiento profundo por su identidad y ser. Así, por más que esté inmerso en un discurso de ideales, por más que sea una persona activa en la comunidad, por más que haga el bien, no lo hace desde sí. De esta manera cuando las crisis o los problemas o aquellas personas con las que compartía esa actividad dejan de estar, el hombre deja de tener ese impulso fundamental que lo empujaba. Era una más de tantas máscaras…

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